Fiebre

Por - octubre 23, 2019

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Temperatura alta

La temperatura corporal encasillada como normal varía entre los 38,5 y los 37,2°C en las personas saludables a nivel axilar, tomando en cuenta que la temperatura a nivel rectal es aproximadamente 0,6°C mayor. La temperatura normal se presenta en un ritmo circadiano, es decir, es más baja por la mañana y se eleva al máximo a la última hora de la tarde, observándose una variación de hasta 1°C.

Se define como fiebre a la elevación de la temperatura por encima de la variación diaria normal. Su proceso se basa en un ajuste del centro regulador, quedando establecida para la temperatura axilar mayor de 38°C. Se considera como febrícula la temperatura entre 37,2 y 37,9°C.

Clasificación de la Fiebre

Fiebre intermitente. Se presenta en enfermedades como la tuberculosis, linfomas y abscesos; en este tipo de fiebre la temperatura desciende a niveles normales cada día.

Fiebre remitente. La temperatura disminuye cada día, generalmente en la mañana, aunque no alcanza el valor normal y es el tipo de fiebre más frecuente.

Fiebre recidivante. Aparecen períodos cortos de fiebre después de uno o varios días de temperatura normal. Este tipo de fiebre se presenta en enfermedades como paludismo, borreliosis, fiebre de Pel-Ebstein.

Fiebre continua o mantenida. En este tipo de fiebre la temperatura está persistentemente elevada sin variaciones significativas durante el día. Ejemplos son la fiebre tifoidea no tratada, el tifus y la endocarditis infecciosa.

Síntomas

La fiebre suele estar acompañada de algunos síntomas que se relacionan con el aumento de la temperatura como son: dolores musculares, dolores articulares sin presencia de inflamación, dolor de espalda, escalofríos, alteraciones del estado mental (obnubilación, irritabilidad o delirio) sobre todo en ancianos, alcohólicos o con enfermedades del corazón y convulsiones (especialmente en lactantes y niños menores de cinco años).

Diagnóstico

Está basado en la historia clínica, la exploración física y en los parámetros epidemiológicos. En el interrogatorio que tiene que ser detallado, se debe indagar sobre síntomas que sugieran antecedentes familiares y personales de enfermedades febriles, lugar de residencia, contacto cercano con enfermos tuberculosos, picaduras de insectos, ingesta de medicamentos, ambiente laboral, factores de riesgo para VIH, operaciones recientes, contacto con animales.

El médico debe examinar la piel, las conjuntivas, la boca, la faringe, los oídos y las fosas nasales; auscultación del corazón en busca de soplos cardíacos y ruidos anormales. Es importante la palpación del cuello, los senos paranasales, las arterias temporales; palpar el abdomen en busca de agrandamiento de órganos, abscesos o tumores. Examen de las articulaciones, fondo de ojo, examen de recto y genitales.

Enfermedades con fiebre de corta duración
Muchas de estas enfermedades son autolimitadas y no es indispensable un diagnóstico específico. Aunque muchos de estos trastornos son originados por agentes infecciosos, en algunos casos son producidos por enfermedades como la gota, enfermedad tromboembólica o alergias medicamentosas.

Un cuadro infeccioso se caracteriza por ser de inicio agudo, con fiebre de 38,9°C, con presencia o no de escalofríos, síntomas respiratorios (tos, dolor de garganta), malestar intenso, dolor de cabeza y dolor ocular; náuseas, vómitos o diarrea, ganglios linfáticos dolorosos y aumentados de tamaño, puede haber signos de inflamación de las meninges, disuria, aumento de la frecuencia urinaria; en el hemograma se observa leucocitosis o leucopenia.

Enfermedades con fiebre prolongada
Si la fiebre sobrepasa las tres semanas sin determinarse una causa concreta, se habla de fiebre de origen desconocido (FOD). Los parámetros para establecer la presencia de FOD son: temperatura > 38,3°C, que se prolonga más de tres semanas, y no se determina un diagnóstico tras una semana de ingreso hospitalario. 

Si ocurre un cuadro febril fluctuante, con ciclos libres de fiebre de al menos dos semanas, se la encasilla como FOD recurrente (representa el 20% de las FOD).
Las causas más comunes de FOD son: enfermedades infecciosas, trastornos reumatológicos y tumores malignos.

Estudios de laboratorio

Las pruebas más importantes que ayudan al diagnóstico de los casos de fiebre son: hemograma, pruebas de coagulación, bioquímica sanguínea, proteinograma, reactantes de fase aguda (proteína C reactiva y velocidad de sedimentación globular); examen general de orina.

Estudios de Imágenes

Pueden incluir: Radiografías, electrocardiograma, tomografías.

Tratamiento

En la mayor parte de los casos la fiebre está relacionada con trastornos autolimitados, por lo general, de origen viral. Se debe tratar la fiebre cuando existen síntomas como malestar extremo, grave compromiso del estado general, edades extremas (niños y ancianos), cuando la temperatura es superior a los 40° C; en situaciones donde existe hiperpirexia (temperatura > 41°C) como insolación, hipertermia maligna o posterior a una cirugía y trastornos a nivel del hipotálamo (donde se ubica el centro regulador de la temperatura corporal). 

La fiebre también debe ser combatida en estados de inmunodeficiencias, alcoholismo crónico, embarazo, riesgo de aborto y en circunstancias donde hay fiebre prolongada.

Medios físicos: baños de agua templada (36-37°C), durante 15-20 minutos o paños de agua templada sobre la piel. Las medidas físicas pueden provocar amplias variaciones de la temperatura, desencadenar hipotermia, escalofríos, lo que aumenta el consumo de oxígeno, vasoespasmo en arterias coronarias lesionadas, por lo que deben utilizarse con mucha precaución en pacientes graves.

Medicamentos. Entre los fármacos más utilizados están el ácido acetilsalicílico, paracetamol, ibuprofeno, etc. Para reducir las variaciones de la temperatura y la presencia de escalofríos, los medicamentos deben administrarse a intervalos regulares, acompañados de una adecuada hidratación. 

Los antibióticos solo se justifican con un diagnóstico específico, mientras que la implementación de una terapia antibiótica empírica solo está indicada en casos en los que exista una sospecha diagnóstica fundamentada o cuando el estado clínico del paciente así lo amerite.  



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